Dos relatos de superstición urbana en Santa Fe: la casona abandonada de 3 de febrero y Freyre, y la experiencia de psicofonía realizada en 1990 en la Necrópolis.
La celebración de Halloween, el 31 de octubre, registra en Santa Fe decoraciones en comercios, disfraces infantiles y circulación de memes. En ese contexto, dos casos de superstición urbana vinculados a la muerte y lo paranormal forman parte del repertorio de relatos de la ciudad.
La casa de 3 de febrero y Freyre
En la esquina de 3 de febrero y A. Freyre, en barrio Sur, se encuentra una casona construida entre las décadas de 1920 y 1930. Según el relato oral, la vivienda está deshabitada y por las noches se encienden luces y se escuchan ruidos extraños, como cadenas que se arrastran. El mito urbano sostiene que en esa casa vivía una familia con dos niños; uno de ellos, de 10 u 11 años, murió atropellado por un camión en una esquina, y que el conductor se suicidó luego por la culpa. Estos hechos habrían ocurrido hace 40 años.
La construcción original era de las denominadas casas «baratas», de bajo costo de alquiler, y la zona albergaba a obreros del ferrocarril de la Estación Mitre. El diario El Litoral publicó en 2022 un artículo sobre la historia de la casona.
Hace dos años, el periodista rosarino Nicolás Maggi visitó Santa Fe para registrar los «detalles fantasmales» de la casa y los compartió en sus redes. En su relato, Maggi describió: «El lugar emana tristeza. Angustia. El aire se pone denso cerca de la reja. El aspecto deteriorado no ayuda. Pero hay algo siniestro en cómo se yergue la casa en medio de la oscuridad. Algo desafiante y desangelado que te perfora y te dice en las tripas: ‘Acá hay algo malo'»
Psicofonía en el Cementerio Municipal
El 6 de agosto de 1990, un grupo de personas realizó un estudio de psicofonía en la Necrópolis de Santa Fe, con permiso otorgado por el municipio, entonces a cargo del intendente Enrique Muttis. La investigación consistió en la colocación de micrófonos y grabadores en varios panteones.
Al finalizar el experimento, se detectaron registros de voces en las cintas magnetofónicas. Según la crónica periodística de la época, uno de los integrantes del grupo, al retirar el casete de un grabador en un panteón con subsuelo y una rejilla, vio una luz blanca en esa rejilla. Al escuchar y desgrabar los casetes, en uno se escucha una voz que dice tres veces: «Abajo, abajo, abajo», en tono de susurro. Ese registro correspondía al panteón donde se había visto la luz.
