Durante la audiencia por el desvío de $425 millones del MPA, el exfiscal Mariano Ríos Artacho confesó su adicción al juego y negó la existencia de una asociación ilícita.
En el marco de la audiencia imputativa por el desvío de $425 millones de cuentas bancarias del Ministerio Público de la Acusación (MPA), el exfiscal rosarino Mariano Ríos Artacho reconoció ser ludópata. El exintegrante de la Unidad de Delitos Económicos afirmó que su adicción al juego fue el motivo de las maniobras ilícitas.
“Yo administraba los fondos como si fuese mi billetera”, declaró Ríos Artacho ante la jueza María Trinidad Chiabrera. El exfiscal se disculpó ante las autoridades y su familia, y señaló que su patología comenzó en 2013, cuando ejercía como funcionario judicial en Melincué.
La declaración del exfiscal contradice el argumento de los fiscales Adrián Spelta y Carla Cerliani, quienes lo acusan de liderar una asociación ilícita con otras 11 personas para desviar cauciones y fianzas judiciales. Ríos Artacho sostuvo que no existió una organización criminal, sino que él, debido a su adicción, “arrastró” al resto de los sospechosos a participar en las maniobras.
El abogado defensor de Fabricio Emanuel Romero, Gonzalo Rucci, confirmó que su cliente también padece una adicción al juego y rechazó la figura de la asociación ilícita. “No existe tal banda organizada para cometer delitos. Acá es un grupo de gente que se conoció en salas de casino por una misma enfermedad que los enceguece”, argumentó Rucci.
Rucci explicó que los viajes detectados por la Fiscalía hacia Buenos Aires, Victoria (Entre Ríos), Uruguay y Brasil se debían a que los apostadores compulsivos se “autoexcluyen” de los casinos santafesinos y buscan lugares donde no rige la restricción.
La defensa sostiene que la ludopatía no niega el desvío de fondos, sino que podría atenuar las condenas. “La ludopatía viene a atenuar al momento de castigar un delito”, enfatizó Rucci, quien mencionó que la enfermedad genera una “doble personalidad” en la que los involucrados pierden la noción del origen de los fondos.
Por su parte, los fiscales Spelta y Cerliani mantienen que, más allá de la adicción, existió una compleja rutina para confeccionar oficios falsos, triangular dinero hacia prestanombres y realizar depósitos en efectivo para ocultar los faltantes antes de los controles judiciales.
