El artículo explora la distinción entre ciencias fácticas y formales, y su interacción con el desarrollo cognitivo, la sociología y la epistemología, basado en las ideas de Jean Piaget y otros autores.
El texto aborda la clasificación de las ciencias en fácticas y formales, dedicadas respectivamente al estudio de los hechos de la realidad y de sus estructuras lógico-matemáticas, estableciendo correspondencias recíprocas entre ambas.
Se menciona la obra de Jean Piaget, quien estudió el desarrollo mental infantil y consideró que el inconsciente abarca no solo lo instintivo sino también aquello que el niño no conceptualiza. Piaget sostuvo que el pasado infantil no condiciona de forma total la vida adulta, sino que la personalidad surge de una interacción entre pasado y presente, donde este último modifica retrospectivamente al anterior.
La psicología genética, disciplina que Piaget consideró rigurosamente experimental, se ocupa del origen y desarrollo evolutivo de la inteligencia infantil. Según el autor, la actividad racional comienza cuando el niño aplica un orden controlable por el pensamiento a los problemas planteados, y el carácter reversible del pensamiento y la experimentación está vinculado a las formas de operación de la inteligencia.
El texto señala que la inteligencia no es una facultad congénita, sino que los factores genéticos abren posibilidades que deben construirse mediante adaptaciones en equilibrio entre asimilación y acomodación. La inteligencia asimila datos de la experiencia y los acomoda a las circunstancias del medio, incluyendo el lenguaje y las formas de razonamiento socialmente validadas.
Se distingue entre ontogenia (desarrollo del organismo individual) y filogenia (evolución de la especie). El animal consciente y autoconsciente opera en un medio cooperando con otros, ligado a sus coordinaciones nerviosas, dejando huellas emocionales. El desarrollo del conocimiento es tanto individual como colectivo, en un tiempo histórico que abarca desde la filosofía antigua hasta la ciencia contemporánea.
La filosofía no desaparecería, sino que sería el supuesto que abarca disciplinas como la Ontología (naturaleza del ser, existencia y realidad) y la Epistemología (fundamentos, métodos, límites y validez del conocimiento científico).
Se menciona que el conocimiento sociológico condiciona a la epistemología, ya que el conocimiento humano es esencialmente colectivo y la vida social es un factor esencial de su formación. Existe una sociología animal y una psicología animal ligadas, donde las funciones mentales de los animales sociales están condicionadas por la vida en grupo. A partir de la sociología animal, el modo de explicación sociológico se distingue del análisis biológico, requiriendo una interpretación especial que atienda al grupo como sistema de interdependencias constructivas.
La sociología humana tiene relaciones con la antropología, que estudia el hombre físico en sus genotipos y fenotipos. Las adquisiciones intelectuales no se reducen a lo neurológico, sino que entre lo biológico y lo social anida lo mental. No hay tres naturalezas humanas (física, mental y social), sino conductas humanas con aspectos mental y social, donde el ‘yo’ es reemplazado por un ‘nosotros’ y las acciones e interacciones se modifican mutuamente.
Se intentó una interdisciplina entre ciencias fácticas y formales, de carácter algebraico y axiomático. Lo algebraico se aplica mediante ciencias formales y exactas (Lógica, Matemática) para expresar la necesidad del ordenamiento social y el equilibrio de los intercambios interindividuales. Lo axiomático se ejemplifica con la teoría pura del Derecho de Hans Kelsen, quien derivó deductivamente todo su sistema de una ‘norma fundamental’, aunque esta norma es un hecho: la sociedad reconoce el valor normativo de ese orden, retornando así a la realidad social.
