Aunque aumentó la cantidad de estudiantes tras la pandemia, persisten la deserción, el doble empleo y la falta de personal en hospitales y clínicas del sur de Santa Fe.
Cada 12 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Enfermería, una fecha que recuerda el nacimiento de Florence Nightingale, considerada pionera de la enfermería moderna y una de las figuras más influyentes en la transformación de los sistemas sanitarios. Pero más de 160 años después de aquella revolución impulsada por la llamada “dama de la lámpara”, el sector sigue enfrentando desafíos estructurales: falta de personal, desgaste laboral y dificultades para sostener la formación profesional. En Rosario y el sur de Santa Fe, el panorama refleja esa tensión.
Aunque en los últimos años aumentó el interés por estudiar enfermería, especialmente después de la pandemia, el sistema todavía arrastra déficit de profesionales y problemas para cubrir la creciente demanda sanitaria. Según datos del Colegio de Enfermeros del sur de Santa Fe, actualmente hay unos 11 mil matriculados en la región y el 75% son mujeres. Sin embargo, desde el sector advierten que el crecimiento de estudiantes no logra traducirse en más profesionales activos.
El principal problema aparece en la tasa de egreso: muchas personas comienzan la carrera, pero no llegan a finalizarla. La expansión de la oferta educativa ayudó a aumentar el ingreso. Hoy existen 13 instituciones terciarias y universitarias, públicas y privadas, donde estudiar enfermería en el sur provincial. Pero la exigencia física, emocional y académica de la profesión sigue siendo uno de los principales factores de abandono.
El déficit de enfermeros no es solamente un problema laboral. También empieza a convertirse en una preocupación sanitaria de largo plazo. El aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento de la población generan una demanda creciente de cuidados, internación y atención permanente, especialmente en áreas críticas y geriátricas. Desde el Colegio profesional remarcan además que no todas las instituciones logran cumplir los ratios recomendados de atención. La referencia ideal es contar con una enfermera cada seis pacientes internados, algo que no siempre sucede y que puede impactar directamente en la calidad de atención.
Otro de los problemas estructurales del sector es la sobrecarga laboral. Un alto porcentaje de profesionales tiene doble empleo para complementar ingresos, especialmente quienes trabajan en el ámbito privado. La situación se combina con jornadas exigentes, presión emocional constante y necesidad de actualización permanente. En muchos casos, quienes comienzan a trabajar encuentran dificultades para continuar estudios universitarios o acceder a licenciaturas.
El debate también incluye reclamos históricos vinculados al reconocimiento profesional y las condiciones laborales. Entre ellos aparece la reglamentación efectiva del artículo 25 de la ley provincial de ejercicio profesional, que reconoce la actividad como tarea de alto riesgo, y la plena implementación de la ley que incorpora a licenciados en Enfermería al escalafón de profesionales universitarios de la salud.
La fecha del 12 de mayo recuerda el nacimiento, en 1820, de Florence Nightingale, reformadora del sistema sanitario británico y considerada fundadora de la enfermería moderna. Nightingale estudió en Egipto y Alemania, dirigió el hospital para inválidos de Londres y ganó reconocimiento internacional durante la Guerra de Crimea, en 1853, donde realizaba rondas nocturnas con una lámpara para asistir a soldados heridos. Esa imagen le valió el apodo de “la dama de la lámpara”. Además de enfermera, fue escritora y estadística, y desarrolló uno de los primeros modelos científicos de organización hospitalaria y cuidados sanitarios. En 1860 fundó la Escuela de Enfermería del hospital St. Thomas de Londres, considerada el punto de partida de la formación profesional moderna en enfermería.
A pesar de los cambios tecnológicos y el avance de la inteligencia artificial aplicada a la salud, dentro del sector sostienen que el rol humano de la enfermería sigue siendo irremplazable. La profesión combina conocimientos técnicos, capacidad de respuesta clínica y un vínculo cotidiano con pacientes y familias que atraviesan situaciones de extrema vulnerabilidad. Ese contacto permanente convierte a enfermeros y enfermeras en uno de los pilares invisibles del sistema sanitario, muchas veces reconocidos socialmente solo en contextos críticos, como ocurrió durante la pandemia de Covid-19.
