El fallecimiento del compositor, guitarrista y violinista Ricardo Soulé, líder de Vox Dei, reavivó reflexiones sobre la vigencia de los clásicos musicales y su vínculo con la espiritualidad y la memoria.
El viernes pasado se conoció la noticia de la muerte de Ricardo Soulé, compositor, guitarrista y violinista, líder de la banda Vox Dei. En una entrevista reciente, Soulé había expresado: “Carl Sagan decía que nosotros somos polvo de estrellas. Y yo creo que lo somos. Vos escuchás a Chopin, escuchás un nocturno y se te caen las medias. Y decís: ¿cómo este tipo pudo haber escrito una música así al borde de la muerte? Evidentemente, tiene que ver con otra cosa”. Y agregó: “Hoy veníamos escuchando con Vicky [su hija] uno de los nocturnos, el número 4, creo que en Mi menor. Y es una música que no la podés catalogar en el tiempo. Se escapa completamente del almanaque, del reloj, del sol y de la luna. Está en un plano espiritual imposible de medir. Por eso son los clásicos, algo que escapa a toda medición humana”.
Tras conocerse la noticia, en un video difundido, Soulé canta fragmentos de “Libros sapienciales”, uno de los temas más conocidos de la obra La Biblia (según Vox Dei). La canción, con más de cinco décadas, continúa siendo interpretada en reuniones estudiantiles, viajes de egresados y grupos juveniles de algunas iglesias.
En paralelo, el pianista y arreglador Lito Vitale se refirió a las comparaciones musicales en un late night show: “Mirá, a mí no me gustan las competencias musicales. No soy amigo de esas cosas como ‘es el mejor’. El mejor es un deportista que le gana a otro. Y en música no hay mejor o peor, no gana nadie, nosotros nos nutrimos de otros músicos, aprendemos”.
“Puedo concebir perfectamente el tema de la eternidad. Es más, yo no creo que haya ninguna persona que no tenga el concepto de eternidad como un elemento inherente a la humanidad que existió desde siempre”, había declarado Soulé. La música y la religión fueron una constante en su obra.
