El debate por la Ley de Tierras reavivó la discusión sobre la propiedad y el interés colectivo. En Santa Fe, entre 1995 y 2011, se desarrolló un ciclo de transformación territorial que dejó aprendizajes sobre la construcción de lo común.
El debate público en torno a la Ley de Tierras, que volvió a primer plano en Argentina en 2026, retomó preguntas sobre la apropiación del territorio, el significado de la propiedad privada y el lugar del interés colectivo. En este contexto, la experiencia de Santa Fe entre 1995 y 2011 se presenta como un caso concreto de intervención territorial.
Durante esos años, se proyectaron y construyeron hospitales, espacios públicos, edificios culturales, centros judiciales y de salud, y un proyecto para el aeropuerto. La arquitectura y el urbanismo tuvieron un rol central en la resolución de problemas colectivos.
La idea que atravesaba cada proyecto era que intervenir físicamente sobre una ciudad contribuye a construir ciudadanía. Un hospital podía ser también una pieza urbana para la educación y la investigación; un espacio público podía transformar un barrio al albergar un museo; y un plan de descentralización atendía necesidades inmediatas mientras modificaba la relación de la comunidad con su territorio.
Arquitectura, planificación y gestión funcionaban en un mismo proceso. Existía confianza entre los actores y se consideraba que pensar y hacer no eran momentos separados.
Ese ciclo terminó y, con el tiempo, se perdió visibilidad de esa cultura de la obra pública. Si bien se continuaron realizando obras, desapareció la conversación sobre el propósito de la construcción, el proyecto de ciudad que expresa cada edificación y la responsabilidad al intervenir en espacios compartidos.
La experiencia, sin embargo, no se perdió por completo. Dejó un aprendizaje: construir lo común no depende solo de las instituciones, que aportan escala y continuidad, ni solo de las comunidades, que otorgan arraigo y permanencia. Las respuestas más potentes surgen cuando ambos movimientos se encuentran y dialogan.
El contexto actual difiere del de aquellos años. Cambiaron las instituciones, las herramientas y la relación entre lo público y lo privado. Aparecieron problemas con nuevas dimensiones, por lo que no es posible repetir recetas del pasado. La actitud frente a las preguntas, en cambio, puede recuperarse.
El debate actual sobre la propiedad y el interés colectivo pone en evidencia que la idea de preservar el territorio como un bien común ya no es un concepto abstracto, sino una demanda presente en la vida cotidiana de Argentina. En ese sentido, el texto de cualquier normativa debería reflejar lo que la sociedad ya decidió cuidar y defender. Como se ha señalado, lo que en la realidad no existe, la ley no lo crea.
