Según el Indec, la tasa de pobreza alcanzó al 32,3% de la población y la indigencia al 7,5%. Un informe del Ieral atribuye el aumento a la pérdida de poder adquisitivo y a la precarización del empleo.
La tasa de pobreza en Argentina subió al 32,3% de la población en el primer semestre de 2026, lo que equivale a unos 15 millones de personas, según datos del Indec. En el mismo período, la indigencia trepó al 7,5%, afectando a cerca de 3,5 millones de habitantes que no cubren la canasta básica alimentaria.
El retroceso implicó que alrededor de 1,9 millones de personas cayeron por debajo de la línea de pobreza y unas 538 mil pasaron a ser indigentes respecto del semestre anterior. La tasa se mantiene por debajo del pico máximo de 52,9% registrado a comienzos de 2024.
Un informe elaborado por los economistas Laura Caullo y Federico Belich para la publicación Novedades Económicas del Ieral (Fundación Mediterránea) sostiene que «el problema ya no son los precios, sino los ingresos». El estudio señala que la desaceleración inflacionaria otorgó un alivio inicial, pero el principal cuello de botella se desplazó hacia el mercado de trabajo.
Los autores destacan que «el empleo asalariado privado formal pierde terreno frente al trabajo informal y por cuenta propia», lo que debilita la estructura de ingresos de las familias.
El panorama territorial muestra contrastes: la ciudad de Concordia registró la tasa de pobreza más elevada con un 56,2%, seguida por el Gran Resistencia (48,6%), Posadas (42,2%) y Corrientes (41,0%), mientras que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires presentó la menor incidencia con un 11,1%.
En la comparación interanual, algunos aglomerados mostraron caídas significativas: Mar del Plata (-7,1 puntos porcentuales), Neuquén–Plottier (-6,4 p.p.) y el Gran Rosario (-5,0 p.p.). El Gran Córdoba registró una suba de 1,6 puntos porcentuales, ubicándose en un 31,1%. El Gran Santa Fe quedó entre los peores registros del país.
La divergencia entre canastas y salarios fundamenta esta tendencia: durante el primer trimestre del año, la Canasta Básica Total (CBT) aumentó un 10,9% y la Canasta Básica Alimentaria (CBA) un 13,3%, mientras que los sueldos nominales de los asalariados registrados avanzaron solo un 4,1% y los de los independientes un 5,6%.
El sector formal perdió 101 mil empleos asalariados (-1,6%), compensados cuantitativamente por la creación de 177 mil puestos por cuenta propia (+3,4%) y 168 mil empleos informales (+3,1%). El informe subraya que «se crearon puestos, pero de menor calidad», ya que los trabajadores no registrados y los cuentapropistas perciben remuneraciones inferiores a las del empleo formal (47% y 26% menos, respectivamente).
El impacto fue mayor en la población en edad activa y en las familias de ingresos medios: casi la mitad de los nuevos pobres (919 mil personas) tiene entre 30 y 64 años, a los que se suman 481 mil jóvenes de entre 15 y 29 años, representando en conjunto el 70% del incremento semestral.
Los sectores medios sufrieron una pérdida relativa de poder adquisitivo al registrar subas salariales (entre 27,4% y 30,5%) por debajo del aumento de las canastas. El reporte diagnostica que «es el retrato de una clase media que depende más del ingreso laboral y menos de las transferencias».
En una mirada de mediano plazo, el análisis enfatiza que Argentina acumula casi una década sin poder perforar de manera sostenida el nivel del 30% de pobreza, habiendo sido el 25,7% de fines de 2017 el punto más bajo desde que se restableció la medición del Indec.
El estudio concluye que ni la estabilidad de precios ni las transferencias asistenciales bastan por sí solas para revertir el piso estructural, y advierte que «para que la pobreza no solo vuelva a bajar, sino que logre romper ese piso que Argentina arrastra desde hace años, será necesario recuperar la capacidad del trabajo de generar ingresos suficientes y sostenibles».
