La obra Nido de lagarto, escrita y dirigida por Franco Verdoia y protagonizada por Horacio Acosta y Silvina Sabater, se presenta en el circuito alternativo de Buenos Aires desde abril. La trama sigue a dos amantes de larga data que se reúnen en un hotel alojamiento y reflexionan sobre el deseo, el amor y las decisiones tomadas en el pasado.
La obra de teatro Nido de lagarto, escrita y dirigida por Franco Verdoia, se encuentra en cartel desde abril en el circuito alternativo de la ciudad de Buenos Aires. La pieza está protagonizada por Horacio Acosta y Silvina Sabater, quienes interpretan a Gloria y el Vasco, dos amantes de larga data que se reúnen periódicamente en un hotel alojamiento de un pueblo.
Según informó el equipo de producción, la obra ha tenido una buena concurrencia de público, impulsada por el boca en boca. La trama se centra en los encuentros de estos dos personajes, quienes comparten conversaciones sobre sus vidas, sus parejas y el paso del tiempo. En un momento de intimidad, uno de ellos plantea la pregunta sobre qué habría sucedido si hubieran tomado decisiones distintas en el pasado.
El director, Franco Verdoia, declaró: “La pregunta que desliza la obra tiene un efecto universal, más allá de la circunstancia y del encuentro de esos dos amantes perpetuados por los años. Termina resonando en los espectadores por todo lo que provoca. ¿Existe la posibilidad de cambiar el rumbo de las cosas habiendo decidido distinto? ¿Qué hace uno con ese presente, producto de aquello que decidió mal?”.
La obra surgió a partir de una conversación informal entre Verdoia y Sabater. El director le preguntó a la actriz si estaría dispuesta a realizar un desnudo en escena, a lo que ella respondió: “Si es con vos, sí”. A partir de esa respuesta, Verdoia comenzó a imaginar la historia de los dos amantes.
Consultado sobre el origen de la obra, Verdoia sostuvo: “No me propuse escribir una obra sobre la vejez y el deseo en la adultez. Fue surgiendo naturalmente”.
La puesta en escena muestra a los personajes en un hotel de mala muerte, conversando en ropa interior. Según el director, esto contrasta con la representación habitual de los cuerpos de adultos mayores en el teatro: “En teatro, siempre se muestra a los cuerpos de adultos mayores alrededor del deterioro, de la imposibilidad y del final de los tiempos. El cuerpo de una persona mayor suele ponerse al servicio de la poética del final, de algo que cumplió un ciclo. La obra viene a plantear la pregunta de si se puede iniciar algo con el deseo presente. Aparece como algo poderoso, que se vuelve innegable”.
Por su parte, Silvina Sabater recordó: “Cuando leí la obra, me dio bastante miedo”. La actriz describió el desafío de interpretar a un personaje “con una conducta física muy diferente a la mía, mucho más señora y con más cuidado en sus movimientos”. Asimismo, consideró que historias como esta no son frecuentes en el teatro local: “Es una temática poco vista en el teatro; quizá apareció más en algunas películas. Justamente por eso me resulta muy desafiante. Cuando Franco me planteó hacer un desnudo, le dije que con él me animaba. Aunque tengo muchos años de profesión, siempre es algo difícil porque aparecen los prejuicios sobre el cuerpo. Asumí ese desafío a mis 75”.
La intimidad de los encuentros está atravesada por el humor y la ternura. Los personajes hablan de sus parejas, de sus vidas cotidianas y de lo que ocurre mientras están encerrados en el cuarto de hotel. La situación, que podría ser dramática, incluye momentos de comicidad.
Según la descripción de la obra, los personajes se encuentran puntualmente en el hotel alojamiento, que funciona como un refugio donde pueden dejar afuera las obligaciones, las convenciones y las miradas de los demás. Están allí porque se quieren y se necesitan, y porque tienen un deseo de encontrarse.
Sabater agregó: “Trabajé mucho en el vínculo con el Vasco y en esa necesidad de encuentro. En una escena, él me dice: ‘Viniste con la colonia puesta’. Me parece de una gran intimidad. Puse el énfasis en la relación entre ellos sin importar el entorno. Ellos sienten la necesidad de verse, de estar juntos, de compartir y de tener sexo. Aunque muchas veces, en mi construcción, ellos se encuentran en ese nido que tenían sin tener sexo. Eso no quiere decir que no hubiera deseo”.
