El equipo de Jorge Almirón acumula un triunfo en los últimos seis partidos. Los objetivos son el Clausura, la Supercopa Internacional y la tabla anual. El déficit señalado es la falta de situaciones de gol pese al control del juego.
Central está empantanado en una zona que no puede dejar atrás mediante el salto de calidad que necesita y el correr de las fechas se le va acortando el tiempo. Los objetivos son el Clausura, la Supercopa Internacional y la tabla anual. Para esta última necesita un par de resultados positivos inmediatos que le permitan arrimarse lo más posible a los puestos de vanguardia. Pero eso sólo lo logrará si mejora algunas cuestiones. Una de ellas, traducir en triunfos la superioridad, por mínima que sea, que logra establecer sobre sus rivales.
Le pasó ya una vez, otra y otra y las alegrías nunca terminaron de concretarse. Ahora, ya en la recta final del semestre, en el que cada punto comienza a tener un valor superlativo, hay algo que el Canalla debe cambiar.
La primera lectura, quizá la más sencilla y tal vez demasiado reduccionista, sería apuntar a la falta de gol del equipo, a que sus centrodelanteros están peleados con el arco y que ese es el verdadero problema del equipo. Algo de esos hay, pero no es el mayor déficit.
El Canalla cumple con una parte del libreto
Es que hay un paso previo a esa situación extrema que desde hace un tiempo viene poniendo en evidencia a este equipo de Jorge Almirón que cumple con una parte del libreto, la de sentirse y ser superior al rival, pero que queda en deuda con otra.
Campaz no tuvo desequilibrio en el clásico, pese al mayor tiempo que Central manejó el balón.
Celina Mutti Lovera / La Capital
De los últimos seis partidos que disputó Central ganó tan sólo uno. Indudablemente hubo un proceso de desaceleración que el equipo debe revertir. En el medio de esa seguidilla estuvieron los dos encuentros ante Corinthians por la Copa Libertadores, que encastran en este análisis del padecimiento con el que carga el Canalla a la hora de inclinar la balanza.
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Posiblemente alcanzara como ejemplo lo que fue el último partido, nada menos que el clásico. Fue un encuentro en el que Central mereció un premio mayor desde el resultado, que mereció ganarlo, pero también en el que nunca pudo lograr que esa superioridad futbolística se tradujera en abundancia de situaciones de gol. Después, es una cuestión lógica: cuántas más acciones de riesgo se tenga, más posibilidades tendrá para convertir, incluidos sus centrodelanteros. Pero, se insiste, no es la falta de gol a lo que se apunta.
El antecedente del clásico
En ese clásico Central tuvo muchísimo más tiempo la pelota que su rival, sobre todo en el primer tiempo, pero hubo algo de lo que careció: la lucidez y la inteligencia necesarias para que una cosa traiga a la otra. Con ganas y decisión logró imponer presencia, pero el fútbol no acompañó.
Hubo algunos atisbos de este comportamiento en el choque frente a Gimnasia, aunque la superioridad en cuanto al manejo nunca fue tan evidente como la del clásico.
En la revancha con Corinthians, Central jugó mucho tiempo con un hombre más, pero no pudo generar demasiado.
¿Los partidos contra Corinthians por la Copa Libertadores? También encajan en esto que se está planteando. El equipo de Almirón pareció superior futbolísticamente al brasileño en Rosario y en San Pablo, pero quedó a la vista que le faltó cinco para el peso. Por eso el lamento de la eliminación resultó un impacto fuerte.
Con un agravante
Encima está el agravante de que en los dos partidos el Canalla jugó demasiado tiempo con un hombre de más. Eso le sirvió para hacer más sólida la superioridad en lo que tiene que ver con el manejo de la pelota y el control del partido, pero no mucho más que eso. En el Gigante y con esa superioridad numérica, sólo hubo tiempo para un zapatazo de Di María y una media vuelta exigida de Marco Ruben.
Allá en Brasil, peor todavía. La roja de Raniele fue a los 58 minutos y con tanto tiempo por delante la única con peligro que pudo crear fue esa corrida de Enzo Copetti que terminó con una definición deficiente.
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¿Fue más Central? Sí. ¿Pudo manejar el partido? También. ¿Estaba frente a una situación propicia? Ni dudarlo. Pese a ello, sólo le dio para un par de remates de afuera del área (por supuesto Corinthians con uno menos se lo pasó a ganar).
En el partido ante Talleres sí Central pudo crear varias situaciones de riesgo. Igual no lo pudo ganar.
Leonardo Vincenti / La Capital
Un partido fuera de molde
Quizá el partido que haya roto un poco el molde este sentido haya sido el de Talleres, en el que cuando tomó las riendas del juego generó una catarata de situaciones muy claras que hicieron figura al arquero Unsain. Allí se falló en la definición, pero, una vez más, no es a lo que se apunta.
Central es hoy un equipo que siente que tiene la capacidad de disputarle el control a cualquier equipo y que muchas veces lo logra, pero que le falta ese salto cualitativo para amigarse con esos buenos resultados de aquí en más le serán indispensables.
