La Dirección de Riesgos y Protección Civil municipal trabaja en doce barrios considerados de riesgo ante una posible crisis hídrica, ante la previsión de un fenómeno El Niño de intensidad severa que se desarrollaría desde el segundo semestre de 2023 hasta 2027.
El miércoles 12 de agosto de 2015, Rosario amaneció en medio de una fuerte tormenta. En pocas horas cayeron unos 100 milímetros, lo que provocó el desborde del arroyo Saladillo. Ese es el último registro local del fenómeno El Niño de intensidad severa. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la probabilidad de El Niño entre junio y agosto de 2023 es del 80%, y para los períodos siguientes supera el 90%.
Gonzalo Ratner, director de Gestión de Riesgos y Protección Civil del municipio, afirmó: “Aunque todavía es temprano para tener un escenario claro sobre los impactos locales, sabemos que en la segunda mitad del año pueden registrarse eventos climáticos extremos. Por eso, es fundamental el monitoreo y anticiparnos lo más posible”.
El Niño se caracteriza por la fluctuación de las temperaturas del océano Pacífico, que genera cambios en la atmósfera. En la región, se asocia al incremento en la intensidad y frecuencia de precipitaciones y tormentas. Desde hace meses, Protección Civil traza escenarios basados en informes del Servicio Meteorológico Nacional, que ubica a junio como “de transición hacia El Niño”.
Los últimos Niños severos ocurrieron en 1997 y 2015. El primero demandó miles de evacuaciones; durante el segundo hubo trabajos de prevención sin evacuados. Entre esos modelos se proyectan los escenarios futuros, considerando obras de infraestructura realizadas y cambios en la situación social.
Rosario está atravesada por los arroyos Ludueña y Saladillo, y tiene una extensa ribera sobre el Paraná. Ratner señaló: “La vulnerabilidad en estas zonas no es solo física, sino también social, ya que el crecimiento de asentamientos en zonas bajas o de reservorios y la baja calidad de los materiales de construcción aumentan el riesgo ante fenómenos meteorológicos severos”.
Los barrios identificados como críticos en la zona norte incluyen Nuevo Alberdi, por posible desborde de canales Ibarlucea y Salvat. En la zona sur y suroeste, El Mangrullo es vulnerable ante la crecida del Paraná, y se siguen áreas de Las Flores y San Martín Sur por desborde del Saladillo. En el noroeste, Empalme Granero y Los Pumitas son históricamente vulnerables al arroyo Ludueña, mientras que Fisherton y Hostal del Sol se mantienen en el mapa de riesgo. Otros sectores propensos a anegamientos por lluvias fuertes son La Bombacha, Barrio Antena, Barrio Tango, Tío Rolo, Villa Banana, El Eucaliptal y La Cariñosa.
La llegada del Niño durante la primavera, estación lluviosa, complica el panorama. Ratner explicó: “A partir de septiembre empiezan a aumentar los promedios de lluvia, sobre todo en octubre, noviembre y diciembre, con medias de más de 100 milímetros. Tener una anomalía en meses secos no tiene tantas consecuencias, pero cuando sucede en meses lluviosos puede generar mayores problemas”.
En febrero de 2016, durante el último Niño severo, llovió más del doble del promedio mensual, el río Paraná alcanzó 5,55 metros y se mantuvo así durante 57 días, pero no hubo evacuados. Ratner sostuvo: “La idea es replicar ese escenario este año. Por eso estamos trabajando para mejorar los canales y que el agua drene lo más rápido posible”.
En los barrios vulnerables se realizan obras de limpieza de canales, en coordinación con las áreas de Hidráulica y Ambiente y Espacio Público, y con la provincia en las márgenes de los arroyos.
