jueves, 11 junio, 2026
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Los Redondos y la construcción comunitaria en los sectores populares

Un análisis académico explora cómo Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota articuló una relación diferencial con su público en la década de 1990, generando prácticas comunitarias frente a la exclusión social.

En un artículo publicado en el diario Clarín en 1999, Carlos “Indio” Solari definía a su público como “chicos de barrios desangelados, que no saben de discotecas para modelos y estrellas de rock, ni de autos locos ni de navidades artificiales. Pibitas embarazadas que lloran su dolor en una esquina, chicos bombardeados, sin padres ni esperanza”.

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota (Los Redondos) se constituyeron en un protagonista central en la transformación de la relación entre el rock nacional y los sectores populares en la década de 1990, aunque sus seguidores trascendían a estos sectores. Según la investigación, más que indagar en el legado de la banda sobre los sectores populares, cabe desplazar la mirada hacia quienes los escuchaban: qué hicieron con esa música y qué construyeron con ella, en el marco de las desigualdades que los atraviesan.

Desde sus inicios, el rock nacional argentino ha estado atravesado por la tensión entre los “independientes” – en relación a los mecanismos comerciales dominantes – y quienes “se venden”, es decir, se guían por las necesidades comerciales. Esta división se expresó en la contraposición entre Soda Stereo y Los Redondos. Mientras los primeros eran asociados a la música promovida por grandes aparatos comerciales y a sectores medios-altos, Los Redondos expresaban la independencia de la industria cultural, la disconformidad política y el vínculo con los sectores populares. A través de una forma de producción que eludía contratos con grandes compañías y no apoyaba su difusión en los mecanismos habituales, la banda consolidó un público masivo que implicó una forma específica de producir eventos.

Este fenómeno sentó las bases de una corriente que en los 90 continuaron La Renga y Los Piojos, bandas que se presentaban a partir de haber crecido “desde abajo”. Tete, bajista de La Renga, declaró en una entrevista en Página 12 de 1996: “La Renga, Los Piojos, Viejas Locas, Los Redondos, y otras bandas existirían aunque no hubiera existido la Rock and Pop, y esa es una diferencia grande”.

Quienes asistían a los recitales fueron parte activa en darle forma a esta vertiente. En su participación, generaron prácticas y valores que en la década de 1990 se cristalizaron en la categoría nativa del “seguidor”. Ser seguidor no consistía solo en ir a todos los recitales, sino sostener un espacio de identificación para afrontar los tiempos neoliberales. Las formas de ser seguidor eran variadas, pero bastaba con que esa figura existiera para darle a ciertas bandas un carácter diferencial.

Entre los recursos expresivos del público, las banderas ocupaban un lugar central. Presentaban frases de canciones, dibujos, nombres de los dueños o el barrio de pertenencia. Por ejemplo, una bandera colgada en un recital de La Renga a fines de los 90 condensaba referentes: “Esquivando charcos en este infierno encantador la mentira es la verdad y la ciudad dormida y sin sueño La Renga Diego Divididos Los Piojos Esto sí es Argentina”. La bandera construía una declaración sobre lo nacional, entendido como una forma de vivir entre dificultades y engaños.

Estas formas de expresión, junto a los “cantitos”, modelaron la vertiente como instancia de participación y construcción de identificaciones colectivas. El seguidor disputó las normas instituidas de los recitales a través de prácticas como ingresar sin pagar la entrada o eludir controles. Según el análisis, esta corriente habilitó que los sectores populares puedan armarse un refugio en un entorno hostil y un espacio de pertenencia en un mundo precario.

En el libro Cuidar lo común (Ned Ediciones, 2025), George Yudice propone reflexionar sobre prácticas culturales que sostienen y reparan la vida colectiva. El artículo concluye que lo que los sectores populares han hecho con Los Redondos es una forma de construcción de comunidad –con contradicciones, límites, inconsistencias– frente a la fragmentación social y la exclusión.

Esta nota forma parte de un acuerdo entre Tiempo y el Instituto de Ciencias Antropológicas de la UBA.

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