La patología, incorporada al listado nacional de Enfermedades Poco Frecuentes, se produce por un desequilibrio entre la histamina ingerida y la capacidad del organismo para degradarla.
La intolerancia a la histamina, también conocida como histaminosis enteral o sensibilidad a la histamina de la dieta, es una enfermedad poco frecuente que se produce por un desequilibrio entre la cantidad de histamina que ingresa al organismo y la capacidad del cuerpo para degradarla correctamente. En Argentina, esta patología fue incorporada por el Ministerio de Salud de la Nación al listado de Enfermedades Poco Frecuentes (EPOF).
La histamina es una amina biógena presente de manera natural en el organismo y participa en múltiples funciones fisiológicas vinculadas al sistema gastrointestinal, respiratorio, cardiovascular, cutáneo y neurológico. Sin embargo, cuando sus niveles aumentan de forma excesiva, puede desencadenar una amplia variedad de síntomas.
«Muchos pacientes consultan por síntomas digestivos persistentes que no logran relacionar con una causa concreta, y en algunos casos la intolerancia a la histamina puede ser el origen del cuadro», explicó el Dr. Fernando Martín, integrante del Servicio de Gastroenterología y Video Endoscopía Digestiva de Grupo Gamma. El especialista remarcó además que se trata de una condición compleja porque sus manifestaciones pueden involucrar distintos órganos y sistemas al mismo tiempo.
Entre los síntomas más frecuentes se encuentran trastornos gastrointestinales como diarrea, constipación, distensión abdominal, gases, digestión lenta e intestino irritable. También pueden aparecer manifestaciones respiratorias como congestión nasal, rinitis, asma o dificultad respiratoria. A esto se suman síntomas neurológicos, entre ellos migrañas, mareos, vértigo, falta de concentración e insomnio; molestias musculares como fatiga crónica, contracturas y dolores articulares; y alteraciones dermatológicas como urticaria, dermatitis, prurito o ronchas.
«La dificultad diagnóstica radica en que los síntomas suelen confundirse con otras patologías digestivas, alérgicas o inflamatorias, por lo que es importante realizar una evaluación clínica y estudios específicos», señaló el especialista.
Entre los principales alimentos ricos en histamina se destacan la berenjena, la palta, el tomate, las frutillas, algunos pescados salados o ahumados, embutidos, bebidas alcohólicas, quesos duros y productos fermentados como kéfir o kombucha. También puede producirse una intoxicación aguda por histamina al consumir alimentos en mal estado. En estos casos, bacterias presentes en los alimentos transforman la histidina en histamina, generando concentraciones elevadas que superan la capacidad de degradación del organismo. Esto puede provocar cuadros pseudoalérgicos con síntomas como vómitos, diarrea, dolor abdominal, erupciones cutáneas o dificultad respiratoria.
«Para llegar al diagnóstico, el paciente suele presentar síntomas en dos o más sistemas del organismo y deben descartarse previamente otras enfermedades como celiaquía, alergias alimentarias, intolerancia a la lactosa o fructosa y SIBO (sobrecrecimiento bacteriano en intestino delgado)», afirmó Julián Acosta, bioquímico, jefe del Servicio del Laboratorio de Análisis Clínicos.
Los especialistas indicaron que el diagnóstico puede confirmarse mediante estudios específicos, como el dosaje de histamina en orina de 24 horas y los test de DAO genético y actividad DAO, enzima encargada de degradar la histamina. Otra estrategia utilizada es la implementación de una dieta baja en histamina para evaluar la evolución clínica. No obstante, los profesionales remarcaron que estas dietas pueden ser muy restrictivas y deben realizarse con supervisión médica y nutricional.
El tratamiento apunta principalmente a reducir la cantidad de histamina incorporada a través de la alimentación y mejorar la capacidad del organismo para metabolizarla. Entre las medidas más habituales se incluyen la suplementación con enzima DAO bajo indicación profesional, la reducción del estrés, evitar cambios bruscos de temperatura y controlar factores que puedan agravar los síntomas. Asimismo, se recomienda suplementar vitaminas y minerales que actúan como cofactores de las enzimas encargadas de metabolizar la histamina, entre ellos vitamina C, zinc, cobre, magnesio y vitaminas del complejo B.
Finalmente, los especialistas de Grupo Gamma destacaron la importancia de realizar una consulta médica ante síntomas persistentes o recurrentes, para arribar a un diagnóstico adecuado y definir un tratamiento personalizado.
