El oficialismo registró avances en reservas, actividad económica y confianza del consumidor durante la última semana, pero persisten tensiones internas y una percepción pública desfavorable.
Durante la última semana, el gobierno nacional acumuló señales positivas en el plano económico. Según datos del Indec, el Estimador Mensual de Actividad Económica (Emae) registró una recuperación en marzo. El índice de confianza del consumidor de la Universidad Di Tella mostró un crecimiento luego de tres meses de caída. Además, se anunció una nueva baja de retenciones a las exportaciones de granos.
En paralelo, el clima político evidenció tensiones internas dentro del oficialismo, a pesar de una victoria en dos votaciones en la Cámara de Diputados. El presidente Javier Milei se refirió a una disonancia entre lo que considera la realidad económica y la percepción construida por los medios de comunicación.
El índice de confianza del consumidor, si bien mejoró respecto de abril, se ubicó un 12% por debajo del mismo mes del año anterior. La aprobación del gobierno registró un deterioro progresivo desde diciembre, lo que potenció los conflictos entre las distintas alas de la gestión. A esto se sumó la situación vinculada al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, a raíz de un viaje de su pareja a Nueva York.
En el ámbito opositor, sectores que habían quedado sin reacción tras las elecciones de octubre comenzaron a explorar conversaciones subterráneas y laboratorios de propuestas. Por su parte, parte del establishment expresó preocupación por el futuro político del gobierno y la posibilidad de que el malestar social derive en un nuevo ciclo populista, como ocurrió en 2019.
El oficialismo mantiene alianzas con gobernadores dialoguistas en el Congreso. No obstante, analistas señalaron que esa cohesión podría verse afectada si la recaudación coparticipable continúa cayendo, si el ajuste presupuestario nacional impide cumplir acuerdos previos, o si el presidente sigue perdiendo apoyo popular.
Las internas en el gobierno se intensificaron debido a que el presidente delegó la gestión política en la vicepresidenta, quien a su vez lidera una de las alas internas. Esto generó presiones del otro sector hacia el líder, quien evitó dirimir los conflictos entre ambas partes.
