Un estudio internacional revela que las emisiones de dos centrales termoeléctricas ubicadas en el sudeste de Brasil afectan la calidad del aire en Rosario, Santa Fe y Buenos Aires, a pesar de la distancia de 1.000 kilómetros.
La operación de dos centrales termoeléctricas alimentadas con carbón en el sudeste de Brasil pone en riesgo la salud de habitantes de los principales centros urbanos de Argentina, especialmente de Rosario, Santa Fe y Buenos Aires, según una investigación internacional. El estudio, realizado por el Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA) y la organización ambientalista brasileña Arayara, utilizó un modelo de dispersión atmosférica para medir el impacto del material particulado fino (PM2,5) generado por las minas de carbón de Candiota, en el estado de Río Grande del Sur.
Las minas abastecen a las centrales Candiota III y Pampa Sul. La primera extrajo alrededor de 1.200.000 toneladas de carbón en 2023, mientras que la segunda tiene una producción nominal anual estimada entre 2.800.000 y 3.000.000 de toneladas. Según el informe, el consumo de carbón en ese sector durante los últimos ocho años contribuyó a 430 muertes en el área contaminada, que abarca el sudeste de Brasil, Uruguay, parte de Paraguay y el Litoral argentino, incluyendo la Ciudad de Buenos Aires. De continuar la actividad, la cifra podría duplicarse hacia 2040.
Además, se estiman pérdidas económicas por 5.100 millones de reales en el mismo período, que podrían elevarse a 11.700 millones hacia 2040. Los investigadores explicaron que las partículas finas pueden permanecer en la atmósfera entre una y dos semanas, lo que permite su transporte a largas distancias. Debido a los patrones de viento predominantes y a la exposición de la población, Argentina es uno de los países más afectados.
El informe se da a conocer en un contexto global donde la generación de electricidad con fuentes renovables superó por primera vez a la generación con carbón, según el Global Electricity Review 2026 del centro Ember. La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que el material particulado es un indicador común de contaminación del aire y puede atravesar la barrera pulmonar, asociándose a problemas como partos prematuros, asma infantil, enfermedades cardíacas y enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC).
