Analistas financieros evalúan el futuro de las inversiones en pesos, mientras el Gobierno busca equilibrar el control inflacionario con el estímulo a la actividad productiva.
El rebalanceo de la política económica, tensionada entre la lucha contra la inflación y el freno a la actividad, mantiene atentos a los mercados financieros. Allí se especula sobre el futuro del ‘carry trade’, una operación que aseguró estabilidad cambiaria en el primer trimestre. Muchos operadores consideran que su ciclo estaría llegando a su fin, debido a la baja de la tasa de interés y la revalorización del peso.
Juan José Vázquez, de Cohen Aliados Financieros, aconsejó tomar ganancias para quienes estén muy expuestos en pesos. «La variable a monitorear es el tipo de cambio real multilateral», explicó. Por su parte, el economista Christian Buteler recordó que los inversores que apostaron al peso cerraron el primer trimestre con ganancias superiores al 20% en dólares, gracias a la combinación de un dólar que cayó nominalmente y bonos indexados por inflación (CER).
Buteler señaló que este «veranito financiero» coincide con un cambio táctico en la política monetaria. «Lejos de señalar victoria sobre la inflación, revela la urgencia por sostener la actividad real», afirmó. El Banco Central (BCRA) ahora tolera tasas de corto plazo que se vuelven negativas frente a expectativas de inflación en alza, con el objetivo de que el crédito fluya hacia sectores productivos y el consumo no se contraiga más.
El economista advirtió que este equilibrio se vuelve inestable en un contexto de presión inflacionaria y el efecto del aumento del precio del crudo en los costos internos. «Si la inflación repunta, el Central enfrentará el clásico dilema: ¿priorizar la actividad y aceptar inflación más alta o priorizar la credibilidad antiinflacionaria y aceptar una contracción más dura?».
En este escenario, la Secretaría de Finanzas logró un rollover del 138,52% en la última licitación de deuda de marzo, a un alto costo en tasa. Según el Centro de Economía Política Argentina (CEPA), esta estrategia apunta a maximizar el uso de los dólares disponibles para hacer frente a vencimientos, descartando una salida del cepo cambiario en el corto plazo, y permitiría al BCRA desacelerar el ritmo de compra de divisas.
