El 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas argentinas ejecutaron la recuperación de las Islas Malvinas bajo un nombre clave cargado de simbolismo histórico y religioso.
En la madrugada del 2 de abril de 1982, las Fuerzas Armadas argentinas ejecutaron una de las misiones más complejas de su historia moderna: la recuperación de las Islas Malvinas. Bajo el nombre en clave de «Operación Rosario», el despliegue anfibio buscaba restablecer la soberanía nacional en el archipiélago, tras casi 150 años de administración británica.
Pocos saben que el plan original fue bautizado inicialmente como Operación Azul. Sin embargo, días antes del desembarco, el contraalmirante Carlos Busser impulsó el cambio de nombre a Operación Rosario. La decisión buscaba invocar la protección de la Virgen del Rosario, una figura históricamente ligada a la defensa del territorio frente a las invasiones inglesas de 1806 y 1807.
La directriz política y militar del operativo fue estricta: tomar el control de las islas sin causar víctimas fatales entre los soldados británicos ni la población civil. El objetivo era forzar una negociación diplomática desde una posición de control territorial.
El despliegue comenzó con el desembarco de buzos tácticos y comandos anfibios que, bajo el manto de la oscuridad, aseguraron puntos estratégicos. El foco de resistencia principal se concentró en la residencia del gobernador británico, Rex Hunt. Fue en ese enfrentamiento donde se produjo la única baja argentina del operativo: el capitán de fragata Pedro Giachino, quien cayó herido mortalmente.
Finalmente, a las 9:30 de la mañana, la bandera argentina volvió a flamear en Puerto Stanley (rebautizado luego como Puerto Argentino). La noticia del éxito de la Operación Rosario provocó una explosión de fervor popular en las principales ciudades del país.
Sin embargo, lo que comenzó como un operativo de recuperación rápida derivó en un conflicto armado de 74 días, tras la decisión del Reino Unido de enviar una fuerza de tareas para retomar el control de las islas.
Hoy, la Operación Rosario no solo se estudia como una pieza de táctica militar anfibia, sino como el punto de partida de un reclamo que sigue vigente. Para las ciudades que comparten el nombre con el operativo, como la Rosario santafesina, la fecha resuena con especial fuerza cada año, recordando a los veteranos y caídos que partieron desde diversos puntos del país.
