La película Street Fighter: la última batalla, estrenada en 1994, tuvo un rodaje conflictivo marcado por la adicción a la cocaína de Jean-Claude Van Damme, su romance con Kylie Minogue y la enfermedad terminal de Raúl Juliá, pero recaudó cien millones de dólares.
La película Street Fighter: la última batalla, dirigida por Steven E. de Souza y estrenada el 23 de diciembre de 1994, se convirtió en un éxito de taquilla con una recaudación de cien millones de dólares a nivel mundial, superando su presupuesto de 35 millones. Sin embargo, su rodaje en Tailandia estuvo plagado de incidentes, según declaraciones de los involucrados y registros periodísticos.
Producción y elenco
La adaptación del videojuego Street Fighter 2 de Capcom fue encargada a Steven E. de Souza, guionista de Duro de matar, quien también asumió la dirección. La empresa exigió incluir a los 16 personajes originales, aunque De Souza redujo el número para centrar la trama en Guile y Bison. Jean-Claude Van Damme fue contratado para interpretar a Guile con un salario de ocho millones de dólares, mientras que Raúl Juliá aceptó el papel de Bison influenciado por sus hijos, fanáticos del juego. El elenco se completó con Damian Chapa (Ken), Byron Mann (Ryu), Ming-Na Wen (Chun Li) y Kylie Minogue (Cammy), esta última convocada tras ver una foto suya en una revista.
Problemas durante el rodaje
La filmación se realizó en Tailandia para aprovechar incentivos fiscales, pero las altas temperaturas y la humedad provocaron demoras. Según el relato, varios miembros del equipo faltaron a las grabaciones por visitar salones de masaje, y la productora rechazó posponer el estreno previsto para Navidad de 1994. Van Damme confesó años después que gastaba cerca de diez mil dólares semanales en cocaína, lo que afectaba su comportamiento: llegaba tarde, se mostraba irascible y desaparecía del set. La producción contrató a un asistente para controlarlo, pero este se sumó a sus salidas nocturnas. Además, Van Damme y Minogue iniciaron un romance durante el rodaje.
En contraste, Raúl Juliá, quien atravesaba una enfermedad terminal no pública, se fatigaba con facilidad y había perdido peso, aunque mantuvo una relación cordial con el equipo. Las escenas de pelea requirieron dobles de riesgo debido a su estado físico. Juliá se inspiró en gestos de dictadores como Mussolini, Stalin y Hitler para componer a Bison.
Recepción y legado
La crítica especializada destrozó la película, pero el público la convirtió en un éxito de taquilla. Capcom informó que el film sigue generando ganancias por streaming y ventas domésticas. En 2009, se tentó a Van Damme para una secuela, Street Fighter: la leyenda, pero el actor rechazó la oferta. Raúl Juliá murió antes del estreno; su hijo conserva el vestuario de Bison. La película se mantiene como una de las adaptaciones de videojuegos más rentables de Hollywood.
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