La planta de Granadero Baigorria de la marca 9 de Oro, de Molinos Cañuelas, implementó en 2012 un premio asociado al volumen producido y un cuarto turno de trabajo. Ambos acuerdos, surgidos del diálogo entre la empresa y el Sindicato de Pasteleros de Rosario, continúan vigentes catorce años después.
En 2012, la planta de 9 de Oro en Granadero Baigorria, marca de Molinos Cañuelas, enfrentaba un límite en su capacidad de producción con tres turnos de ocho horas. La demanda de sus productos crecía y el esquema existente generaba tensiones entre trabajadores y empresa. A partir del diálogo entre la empresa y el Sindicato de Obreros Pasteleros, Confiteros, Sandwicheros, Heladeros, Pizzeros y Alfajoreros de Rosario, conducido por Jorge Alberto Juárez, se acordaron dos medidas complementarias: un premio asociado al volumen producido y la creación de un cuarto turno de trabajo.
El sindicato reúne alrededor de 5.200 afiliados en el sur de Santa Fe y tiene presencia en Chaco, Corrientes, Formosa y Misiones. La organización representa a trabajadores de pastelerías, confiterías, fábricas de alfajores, pizzerías, casas de empanadas, fábricas de discos y pastas, heladerías y grandes cadenas de comidas rápidas como McDonald’s, Burger King, Mostaza o KFC. Cada rama tiene su propio convenio, categorías y formas de organizar el trabajo.
El premio por volumen de producción establece que, cuando la planta supera su nivel habitual de producción gracias a la intervención y el esfuerzo de los trabajadores, una parte de ese resultado se traduce en un ingreso extra para ellos. El acuerdo quedó establecido como una regla permanente. El sociólogo argentino Héctor Palomino plantea que cuando los trabajadores participan de las mejoras de productividad, también mejora la distribución de sus beneficios.
El cuarto turno buscó resolver la tensión generada por las horas extras. Con tres turnos de ocho horas, las necesidades adicionales recaían en buena medida sobre las horas extras, lo que generaba tensiones en su organización. La propuesta consistió en incorporar trabajadores en vez de hacer descansar todo ese crecimiento sobre quienes ya integraban los tres turnos existentes. El nuevo esquema permitió sumar empleo, conservar los puestos existentes y ampliar la capacidad de respuesta de la planta. Para quienes se desempeñan bajo esta modalidad se estableció un adicional del 45 por ciento sobre el salario básico.
Desde 2012 conviven dentro de la planta ambas formas de organización del trabajo. El cuarto turno permitió cubrir una necesidad vinculada con una empresa cuya demanda superaba su capacidad habitual de producción, mientras el premio por volumen hizo que el crecimiento productivo también tuviera un correlato en los ingresos de los trabajadores. Los dos acuerdos no pueden entenderse por separado: uno responde a cómo se distribuyen los resultados cuando se produce más; el otro, a cómo se organiza el trabajo necesario para alcanzar esa producción.
El diálogo entre trabajadores y empresa no significó desconocer que existen intereses y necesidades diferentes. La empresa necesitaba producir más. Los trabajadores necesitaban preservar sus condiciones, ordenar sus jornadas y participar de los resultados de ese crecimiento. La salida buscó atender ambas cuestiones.
La experiencia de 9 de Oro de Molinos Cañuelas y la propuesta construida desde el sindicato Pasteleros Rosario se desarrolla en un contexto donde el debate laboral presenta la competitividad y los derechos de los trabajadores como objetivos enfrentados. Los sindicatos en Argentina suelen enfrentarse a un doble estigma: se los asocia mecánicamente a la corrupción y se desmerece su capacidad para intervenir en los procesos productivos.
Brian Tieppo, del Área Trabajo y Producción de la Fundación Igualar, y Agustín Aloni, presidente de la misma fundación, son los autores del artículo original publicado en El Ciudadano.
