Un grupo de cinco personas armadas ingresó a una vivienda en el pasaje Gandhi al 7000, en barrio Ludueña, y sustrajo una caja fuerte, joyas, mercadería y ahorros. La propietaria del inmueble, que atiende un comercio en el mismo lugar, fue maniatada durante el asalto.
Un asalto se registró el lunes por la tarde en una vivienda ubicada en el pasaje Gandhi al 7000, en barrio Ludueña. Según el relato de la propietaria, identificada como Griselda, cinco hombres con armas de fuego ingresaron al lugar y sustrajeron una caja fuerte, joyas de oro, mercadería y ahorros.
La mujer atiende un pequeño comercio en la parte delantera de su casa, desde las 6 hasta las 23. De acuerdo con su testimonio, los delincuentes aprovecharon la llegada de una clienta para ingresar al local y desde allí a la vivienda.
En declaraciones a LT8, Griselda indicó que se encontraba sola en la casa al momento del asalto. «Fueron cinco hombres, todos con armas de fuego. Yo estaba sola, y entraron a llevarse lo que no era de ellos», recordó.
La mujer señaló que los asaltantes le apuntaron con un arma apenas entraron. La hicieron sentar, le ataron las piernas y manos con alambre, le cubrieron la cabeza con una toalla y colocaron cinta adhesiva en la boca.
«Yo les pedía que me la quitaran porque no podía respirar, y me dijeron que respirara por la nariz. Pero uno de ellos, que parecía el más sensible, me friccionó las manos, me hizo masajes, me ofreció agua, mientras los otros le advertían que no me saque la toalla de la cabeza», contó.
Griselda precisó que los delincuentes permanecieron en el lugar entre 30 y 40 minutos. «Cerraron puertas y ventanas, se llevaron las cámaras», sostuvo. También manifestó que «hicieron un desastre en la casa. Se llevaron una caja fuerte que la teníamos hace diez mil años. Había muchas cositas de oro de los chicos y los ahorros de 35 años de trabajo. Era dinero de mi comercio y de los años en que mi marido trabajó en una fábrica. Sabían todo de mi familia».
La mujer pudo pedir ayuda una vez que los ladrones se fueron. Saltando hasta la puerta de ingreso, les gritó a los empleados de una fábrica ubicada enfrente de su casa que la habían robado. «Esos chicos me sacaron los alambres y unos vecinos vieron a los ladrones huir en una camioneta», relató.
Consultada sobre lo sustraído, Griselda afirmó: «El dinero robado no me importa. Sí los objetos familiares. La plata va y viene. Yo seguiré trabajando mientras Dios me de salud».
Hasta el momento, no se informó sobre detenciones ni sobre el avance de la investigación por parte de las autoridades.
