El libro ‘Vida de putas. Calle, sexo y mentiritas’, de Georgina Orellano, secretaria general de AMMAR, se presenta como una obra que combina crónicas y análisis político sobre la vida de las trabajadoras sexuales.
El libro ‘Vida de putas. Calle, sexo y mentiritas’, de Georgina Orellano, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina (AMMAR), fue presentado recientemente. La obra, escrita por Orellano, recopila crónicas y reflexiones sobre la vida y las luchas de las trabajadoras sexuales.
Según la descripción proporcionada, el texto aborda la praxis política desarrollada por las trabajadoras sexuales en el territorio, incluyendo la calle y los inquilinatos donde reside la mayoría de las protagonistas. Además, incluye un manifiesto denominado Manifiesto Rotx, en el que las trabajadoras expresan: ‘Acá estamos, con voz propia, gritándoles en la cara, porque a los buenos modales del minimalismo blanco se los lleva la normalidad: quería nuestras voces, acá las tienen’.
El libro relata experiencias colectivas en la Casa Roja, un espacio en el barrio porteño de Constitución que funciona como oficina, sala de reuniones y lugar de asamblea para las trabajadoras sexuales. A través de un relato colectivo, se describen tensiones con vecinos del barrio, incluyendo el caso de Carlos, un vecino que lidera una cruzada contra las trabajadoras sexuales. Orellano cuestiona por qué este vecino se erige como portavoz de una comunidad que, según ella, nunca lo votó.
La obra también explora la relación con los medios de comunicación y la necesidad de recurrir a ‘fuentes incómodas’. En uno de los capítulos, Orellano expone impericias del Poder Judicial, señalando que la falta de conocimiento sobre el modo de vida de las travestis migrantes lleva a hipótesis equivocadas, como suponer que viajan a sus países de origen para reportarse a jefes narcos, cuando en realidad lo hacen para visitar a sus familias en cumpleaños y Navidad.
Respecto al sistema de salud, el libro menciona que, durante un brote de tuberculosis, las travestis alojadas en un pabellón hospitalario solicitaban ropa, maquillaje y la presencia de un cura para confesarse, en lugar de libros, como proponían algunas médicas y enfermeras.
El texto también aborda la relación con la policía, indicando que confiar en ella nunca es una opción viable, aunque un agente pueda convertirse en aliado circunstancial. No obstante, se relata que las trabajadoras sexuales recibieron a un policía en la Casa Roja para que se beneficiara con un programa de estudios oftalmológicos destinado a sus compañeras.
Otro pasaje se refiere a la experiencia del feminismo en el Estado durante la creación del Ministerio de las Mujeres en el gobierno de Alberto Fernández. Se menciona una controversia sobre un registro para trabajadoras sexuales que duró pocas horas y fue eliminado por presión de sectores abolicionistas, lo que impidió contar con información para políticas públicas.
El libro plantea preguntas sobre el antipunitivismo y el consumo de drogas, cuestionando la diferencia entre el transa del barrio y el dealer de fiestas electrónicas en Palermo, y el lugar de las compañeras que recurren a esas economías para sobrevivir.
Finalmente, se destaca que ‘Vida de putas. Calle, sexo y mentiritas’ propone mirar desde otro lugar aquello que se creía conocer, y que Orellano escribe desde la calle, las asambleas y las discusiones cotidianas, presentando a las trabajadoras sexuales como sujetas políticas capaces de disputar sentidos y cuestionar consensos.
