Un investigador de la Universidad de Málaga explica que la ansiedad ante el envejecimiento, conocida como cronofobia, genera un círculo vicioso que acelera el desgaste biológico, especialmente en mujeres.
La llamada “cronofobia”, el miedo al paso del tiempo, no es un trastorno clínico sino un concepto de la cultura popular. Según Jorge Romero-Castillo, investigador en Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Málaga (UMA), España, la ansiedad ante el envejecimiento es una de las expresiones más frecuentes de la angustia temporal.
Romero-Castillo afirmó que dicha ansiedad proviene del declive físico, la pérdida del atractivo y de la salud reproductiva, según información de la Agencia Noticias Argentinas.
Afecta principalmente a mujeres
El especialista señaló que la cronofobia “es un factor de estrés psicológico particularmente acusado entre las mujeres, ya que afrontan más presiones socioculturales. La preocupación por evaluar persistentemente la identidad corporal eleva los sistemas de respuesta al estrés a lo largo del tiempo”.
Agregó que a estas presiones se suma la narrativa “edadista” que sostiene que los cuerpos envejecidos de las mujeres están biológica y socialmente devaluados. “Esta imposición de mantener la juventud fomenta la autovigilancia crónica y aumenta el malestar psicológico”, explicó.
Cómo se acelera el reloj biológico
Los especialistas indican que el miedo al paso del tiempo contribuye al envejecimiento biológico a través de la epigenética, proceso por el que se activan o desactivan genes como consecuencia del entorno. Romero-Castillo citó un estudio con 726 mujeres que reveló que el estrés relacionado con el envejecimiento, en particular el temor al deterioro de la salud, está asociado con un envejecimiento epigenético acelerado, medido mediante el biomarcador DunedinPACE.
El investigador sostuvo que “las preocupaciones no son meramente cognitivas o emocionales, sino que se experimentan somáticamente, creando un círculo vicioso donde la idea de envejecimiento aumenta la conciencia corporal”. Esta conciencia intensificada refuerza la angustia psicológica y puede desencadenar una activación fisiológica que, con el tiempo, “puede dejar huellas biológicas duraderas y acelerar el envejecimiento”.
Romero-Castillo concluyó que estos hallazgos respaldan la idea de que la forma en que se vive subjetivamente el paso del tiempo afecta tanto a la salud mental como al funcionamiento biológico del organismo.
