Un informe del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA) analizó la dieta de niños de 4 a 9 años en Rosario y otras ciudades del país. Los resultados muestran que el 49% presenta déficit de calcio, mientras que el consumo diario de yogur podría reducir esa carencia hasta un 40%.
La alimentación infantil en Argentina enfrenta un escenario complejo, con hábitos poco saludables y déficits nutricionales que afectan a una mayoría de los niños. Así lo revela un estudio del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, que evaluó la calidad de la dieta en menores de 4 a 9 años y mujeres adultas en cuatro ciudades del país, entre ellas Rosario, Santa Fe.
El trabajo, titulado “Calidad de dieta en niños/as entre 4 y 9 años y en mujeres adultas en 4 ciudades de Argentina y modelización de los efectos de un consumo regular de yogur sobre la ingesta de nutrientes críticos”, analizó patrones alimentarios y simuló el impacto de sumar yogur en forma diaria a la dieta. Participaron 315 niños y niñas y 375 mujeres adultas de Rosario, Tucumán, Gualeguaychú y Ciudad de Buenos Aires.
Los resultados muestran que solo el 12% de los niños alcanza una calidad de dieta alta, mientras que el 61% se ubica en un nivel medio y el 26% en un nivel bajo. Además, el 49% de los menores presenta una ingesta insuficiente de calcio, un mineral esencial para el crecimiento y desarrollo óseo.
El profesor Sergio Britos, director de CEPEA, señaló que “uno de los hallazgos centrales es la alta prevalencia de ingesta insuficiente de calcio, que convive con un patrón alimentario caracterizado por un bajo consumo de verduras, frutas y legumbres —cercano al 90% de inadecuación— y una presencia más frecuente de alimentos de origen animal”.
El estudio también modelizó qué ocurriría si se incorporara el consumo diario de yogur natural o con sabor natural, sin octógonos de advertencia y con probióticos. Los resultados indican que esta simple incorporación reduce la prevalencia de déficit de calcio hasta un 40%, sin modificar el resto del patrón alimentario. “El yogur permite incorporar microorganismos vivos para robustecer la microbiota intestinal, y el organismo absorbe mejor el calcio que aporta gracias al proceso de fermentación”, explicaron los investigadores.
Sin embargo, la estrategia no impacta sobre otros nutrientes críticos como la vitamina D, lo que señala la necesidad de abordajes complementarios. Otro hallazgo relevante es que la baja calidad de la dieta no se explica principalmente por el exceso de alimentos ocasionales, sino por la insuficiencia en el consumo de alimentos protectores, especialmente verduras y legumbres.
Sandra Blasi, licenciada en Nutrición y especialista en Nutrición Pediátrica de la UBA, destacó que “un patrón alimentario saludable está conformado por variedad de alimentos de todos los grupos, en especial verduras, frutas, legumbres, cereales integrales, granos y frutos secos, lácteos, huevos, pescado, otras carnes (pollo y rojas) y aceites vegetales, y un consumo limitado de alimentos ocasionales, habitualmente fuente de azúcares, sodio y ácidos grasos saturados”.
