La escritora argentina radicada en París presenta su segunda obra, una trama que se desarrolla en una legendaria comunidad utópica europea de principios del siglo XX, reflexionando sobre la resistencia a las convenciones y la vigencia de los ideales.
Paula Klein, escritora argentina residente en París, publica su segunda novela, «Las brujas de Monte Veritá», con la editorial Lumen. La obra construye una trama atrapante en el marco de la legendaria comunidad utópica de Monte Verità, en la Suiza italiana de principios del siglo XX, donde un grupo de artistas y pensadores desafió las convenciones de la época.
En diálogo con La Capital, Klein explicó que, al igual que en su primera novela «La luz de una estrella muerta» -centrada en el artista Alberto Greco-, su interés se dirige hacia «los bordes de la sociedad», espacios de resistencia contra la cultura dominante. «Me interesa mucho la vida de esos artistas y pensadores que no dudan en ir contra la corriente, que se atreven a poner el cuerpo en proyectos idealistas», afirmó.
La novela sigue a Verónica, una protagonista con un hijo pequeño que atraviesa una crisis laboral y afectiva, y que se ve confrontada por su esposo y su mejor amiga con dos proyectos contemporáneos de «vuelta a la naturaleza». En su búsqueda de inspiración, Verónica investiga la historia de los monteveritanos, una comunidad que promovía el vegetarianismo, el nudismo, el amor libre y una filosofía de vida en comunión con la naturaleza, siendo considerados por muchos como protohippies.
Klein detalló que la comunidad fue fundada alrededor de 1900 por Ida Hofmann y Henri Oedenkoven, quienes establecieron un sanatorio naturista que funcionó hasta 1928. «Eran ecologistas avant la lettre: defendían el trabajo al aire libre, los baños de sol, el nudismo, el veganismo», describió la autora.
La novela retoma la pregunta sobre si toda utopía está destinada al fracaso. «Mi desafío al escribir fue pensar qué tanto hay de fracaso en una experiencia así y qué restos se sedimentaron para aparecer cien años después», comentó Klein. Para la escritora, el valor de las utopías reside en que, «aunque los proyectos puntuales fracasen, las ideas subsisten», por lo que prefiere pensar «en términos de continuidad que de éxito o de fracaso».
