viernes, 27 febrero, 2026
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La hija pródiga: Margarita Páez llega a Rosario con la obra «Un ritual de paso»

Margarita Páez no nació en Rosario pero lleva un apellido que otorga pertenencia. Hija de Fito y Romina Ricci, la joven de 21 años construye a pasos firmes su carrera como actriz. Después de su debut teatral en 2024 con la obra “Al borde del mundo”, llega a la ciudad con “Un ritual de paso”, una propuesta que aborda con humor el vínculo entre la Inteligencia Artificial y el arte. Se podrá ver el domingo 8 de marzo, a las 19, en Sala Lavardén (Mendoza y Sarmiento).

¿Puede la Inteligencia Artificial escribir una obra de teatro? Esa es la pregunta que se hace “Un ritual de paso”, dirigida por Marcos Zoppi y Ana Kowalczuk, también autora de la pieza y parte del elenco. El grupo lo completan Balthazar Murillo, Lala Rossi y la propia Margarita.

Una escritora (interpretada por Kowalczuk) frustrada le pide a la Inteligencia Artificial (interpretada por Rossi) que la ayude a escribir un biodrama sobre un episodio inusual y violento en su fiesta de quince años. Un actor y una actriz (Magarita y Balthazar) dramatizan las escenas que la Inteligencia Artificial escribe. Una anécdota cargada de drama y violencia pretende volverse una obra de comedia. ¿Podrán lograr el objetivo juntas?

De esta manera, “Un ritual de paso” propone una mirada humorística acerca de la creación artística y la vinculación entre lo humano y lo mecánico.

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“Es una obra de algo que le pasó a ella en la realidad”, cuenta Margarita a La Capital. Kowalczuk convocó a Marcos y Lala y comenzaron a ensayar, y más adelante sumaron a Páez y Murillo. “Ensayamos todos en la casa de Ana. Fuimos buscando la obra porque la verdad que no la habíamos encontrado en absoluto. Ella nos llamó a los dos, pero sin saber muy bien qué es lo que íbamos a hacer. Entonces fue como una construcción entre todos, muy, muy linda”, comparte la joven actriz.

Las escenas que escribe la IA en la ficción, que fueron escritas por una IA real respondiendo el pedido de la autora, resultaron absurdas e irrealizables. “Esas son las que interpretamos con Baltasar”, apunta Margarita. El desafío fue cómo llevar a escena esas propuestas “imposibles de actuar”. En ese gesto, la obra y el grupo proponen una mirada crítica, aunque para nada solemne, sobre los límites creativos (y particularmente dramatúrgicos) de la herramienta tecnológica en cuestión.

“Lala Rossi hace de la IA y es espectacular, es muy graciosa. De hecho, ella para interpretarla habló mucho con la IA. Le pedía ponerle que le hable los textos que ella decía. Pero nosotros lo llevamos desde lo absurdo, que es un poco lo que es. La tenemos muy arriba a la IA, pero al fin y al cabo no es un humano”, suma Páez.

En un contexto donde el avance de la IA genera preocupación y hasta temor, “Un ritual de paso” invita a reírse de la tecnología, a señalar sus falencias, a burlarse incluso de ella. Y quizás también a recordar que si bien avanza a pasos firmes sobre algunas habilidades, difícilmente pueda alguna vez reemplazar la vitalidad del teatro.

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Margarita Páez, rosarina por derecho propio

La función en Rosario será la primera de la obra fuera de Buenos Aires. “Estamos muy contentos de llevarla a Rosario, la verdad. Aparte, amamos Rosario y la sala es hermosa”, asegura Páez, antes incluso de que llegue la pregunta por el vínculo con la ciudad.

Como si viniera realmente con el apellido, Margarita parece haber heredado el amor genuino por Rosario. “Voy a Rosario desde muy chica. En mi infancia pasé muchas fiestas allá, y ahora voy varias veces al año. Es una ciudad que de verdad me encanta, amo mucho Rosario. Yo me siento rosarina un poco, la verdad. Me encantaría haber nacido ahí y decir que auténticamente soy rosarina, pero bueno”, suma la actriz.

“Siempre me llevo a alguien, a una amiga, a Balthazar lo llevé un montón”, cuenta en referencia a su compañero de elenco que también es su pareja. “Me encanta ir a comer a Junior y a Gorostarzu, mis lugares favoritos”, suma. Por supuesto, los bares esenciales de Fito.

La joven de 21 años no siempre tuvo clara su vocación, pero cuando la descubrió, se afirmó en ella con contundencia. “Hasta que terminé el colegio, medio que no sabía bien qué quería hacer. Siempre toqué el piano, me gustaba cantar y había actuado una vez con mi mamá en una peli, cuando tenía 14 años, pero que fue algo que simplemente hice y me divirtió”, cuenta. Entonces, se metió en una clase de teatro “y ahí cambió todo”.

Desde entonces, estudió con Nora Moseinco, Cristina Rota (Madrid), Enrique Szurek Cabanas, y actualmente es alumna de las clases de Francisca Ure y Silvina Sabater, en Buenos Aires. Su debut teatral selló el camino. “Fue mi primer laburo y dije: ‘Che, esto me encanta y sin duda es lo que quiero para mi vida’. Así que fue bastante lindo y natural”, asegura. En este sentido, presentarse profesionalmente en Rosario, una ciudad tan especial para ella, sin dudas es un paso importante en su carrera.

“La verdad estoy muy contenta de llevar la obra allá porque también siento que es mi casa, y también plantarme en el teatro en Rosario va a ser muy lindo”, cierra.

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